Hasta principios del S. XIX se creía que ambos hemisferios cerebrales eran simétricos e iguales. Sin embargo, no cumplen exactamente las mismas funciones. Por ejemplo, el izquierdo es secuencial, el derecho carece del concepto de tiempo. El izquierdo almacena los sentimientos positivos, las habilidades y los recursos; el derecho, las creencias y sentimientos negativos.
A partir de las investigaciones de la década del 50 para controlar los ataques de epilepsia, se observó que cuando se interrumpe la conexión entre ambos hemisferios, éstos actúan en forma independiente y, a veces, francamente contradictoria, dando lugar a comportamientos opuestos como si se tratara de dos personas diferentes. Por ejemplo, un paciente al que se había sometido a este tratamiento, fumaba con una mano mientras que la otra trataba de quitarle el cigarrillo y apagarlo.
Actualmente, se utilizan las T.I.C. para la activación de uno u otro hemisferio, lo que se puede comprobar de manera muy sencilla. Si se le muestra a una persona imágenes emocionalmente neutras, cuando son captadas por el hemisferio izquierdo hay más interpretaciones positivas que cuando son captadas por el derecho.
Los hemisferios cerebrales perciben la realidad en forma diferente. Las personas piensan, se emocionan, se perturban, experimentan distintas sensaciones corporales, según sea estimulado uno u otro.
Las T.I.C. permiten observar estas diferencias activándolos alternativamente e integrar las diferentes percepciones. Se logra de este modo, tener una visión más realista, con una emocionalidad acorde.
Estos procedimientos terapéuticos se aplican a aquellas situaciones que son percibidas de modo que crean un nivel de perturbación considerable; con ellos es posible reducirlo rápidamente. Son intervenciones de alto impacto que pueden ser utilizadas como único procedimiento o junto con otras, potenciando sus resultados, para el tratamiento de los trastornos psicológicos y sexuales que afectan a las personas.
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